Carnaval de Mérida: datos históricos II
Atalaya histórica, columna de José Ramón Pérez Herrera: Carnaval de Mérida: datos históricos II.
En el alba del siglo XX, el carnaval se había convertido en una fiesta popular, y las sociedades coreográficas cobraron gran relevancia.
Eran muy esperadas las participaciones de “La Unión”, “Liceo de Mérida”, “Lonja Meridana”, “Recreativa Popular”, y otras más en los tradicionales desfiles, con sus vistosos carros y carruajes bien ornamentados, acompañados por bandas de música y, en algunos casos, por sus comparsas y estudiantinas, que tocaban y cantaban durante los paseos.
Sobre estas sociedades, Irigoyen, en Los antiguos carnavales de Mérida (1961), señala que las asociaciones “ofrecían bailes desde el sábado hasta el martes inclusive.
La buena sociedad de Mérida colmaba los salones del Liceo y de la Unión, pasando de unos a otros salones la misma noche de manera que los bailes eran siempre lucidos y alegres en ambas sociedades (refiriéndose a La Unión y El Liceo) que gastaban muchos miles de pesos en la decoración de sus locales, y en licores finos y en comestibles, ya que se tenia libre acceso al ambigú”.
Esta descripción nos habla de la popularidad que las fiestas carnavalescas habían adquirido en Mérida a inicios del siglo XX, una tradición que continuó consolidándose a lo largo del siglo pasado.
Durante el siglo XX, el carnaval adquirió dimensiones aún mayores con la incorporación de diferentes marcas comerciales.
En distintos momentos, el carnaval implicó la apropiación de diferentes espacios de la ciudad para la realización de actividades festivas.
La instalación de ferias con juegos mecánicos y la organización de conciertos con artistas reconocidos de
cada época representó una profunda transformación de esta celebración.
A finales del siglo XX y primera década del XXI, el Paseo de Montejo, la calle 60 y el primer cuadro de la ciudad de Mérida se convirtieron en los escenarios principales del carnaval.
Miles de meridanos de todas las edades se daban cita para presenciar los desfiles, en los que participaban las marcas comerciales de alimentos, bebidas y servicios más reconocidas del momento.
Las tarimas donde se llevaban a cabo los conciertos posteriores a los desfiles eran verdaderos hervideros de fiesta, desenfreno y jolgorio para quienes asistían.
En 2014, el carnaval de Mérida se traslado al recinto ferial de Xmatkuil, lo que generó resistencia y críticas por parte de miles de meridanos que disfrutaban de la celebración en Paseo de Montejo.
A más de diez años de este cambio, en muchos sectores de la población persiste la negativa a asistir al carnaval en su nueva sede, lo que ha contribuido a que otras festividades, como los carnavales de Progreso o Kanasín, atraigan a un mayor número de asistentes provenientes de la capital del estado.
En un estudio realizado por la antropóloga Guadalupe Reyes, Carnaval en Mérida: fiesta, espectáculo y ritual (1998), se plantea que “la exploración del proceso de transformación del Carnaval de Mérida a través de largos períodos de tiempo podría ayudar a entender también la aparente alternancia de épocas de fuerte control y épocas de relativa libertad para la celebración de la fiesta”.
Esto, sin duda, contribuiría a una comprensión más integral del carnaval de nuestra ciudad.