Carnaval de Mérida: datos históricos I
Atalaya histórica, columna de José Ramón Pérez Herrera: Carnaval de Mérida: datos históricos I
El carnaval es una de las celebraciones más esperadas y populares en la actualidad, pues reúne a miles de personas y familias para disfrutar de los tradicionales desfiles, los juegos mecánicos de las ferias, los espectáculos de cómicos y los conciertos de los artistas nacionales e internacionales del momento. Durante estos días, las principales calles, avenidas y recintos en los que se celebra el carnaval viven un verdadero jolgorio, en el que predominan las luces, la música, las risas y el ambiente festivo de los asistentes. Esta celebración tiene una larga historia en nuestra ciudad, que se remonta a los tiempos de la colonia. A continuación, revisemos algunos momentos claves en la evolución del carnaval de Mérida.
Renán Irigoyen, en Los antiguos carnavales de Mérida (1961), indica que Luis Céspedes de Oviedo, gobernador de Yucatán, introdujo en nuestra ciudad, hacia finales del siglo XVI, las fiestas de máscaras. También menciona que algunos historiadores afirmaron que fue Guillén de las Casas, gobernador de 1578 a 1582, quien estableció las fiestas carnavalescas. Víctor M. Martínez, en Carnaval de Mérida a través del tiempo (1969), explica que el obispo Francisco de Toral escribió al Rey en 1567 una carta en la acusaba a Luis Céspedes de utilizar “máscaras deshonestas” y que Guillen de las Casas reglamentó las mascaradas a finales del siglo XVI.
A partir de ese momento, las fiestas carnestolendas se volvieron populares entre los meridanos y, con el tiempo, se fue adaptando a cada período histórico. Durante el gobierno de Lucas de Gálvez, finales del siglo XVIII, con la conclusión del Paseo de las Bonitas, los paseos de carros de las familias pudientes de la época comenzaron a realizarse en ese sitio. El proceso político de la independencia no afectó su desarrollo; por el contrario, estas actividades crecieron en popularidad por parte de todos los estratos sociales de la ciudad.
Hacia mediados del siglo XIX, las celebraciones del Rey Momo se ampliaron de tres a cinco días, incluyendo la costumbre del entierro de Juan Carnaval. En estos días de fiesta, se improvisaban carruajes para los tradicionales desfiles, lo que ocasionaba un gran alboroto en las principales calles de la ciudad. En 1850, según Irigoyen (1961), el gobierno municipal “prohibió quebrar toda clase de huevos, arrojar agua sobre alguna persona u objeto capaz de ocasionar detrimento, y pintar con almidón o cualquier otra cosa.” El Ayuntamiento multaría entre 5 y 10 pesos, o con 10 días de arresto, a quienes no respetaron el reglamento.
En 1872 se realizó la primera estudiantina, en la que participaron Mus García con la letra y Ambrosio Cervera en la música. Durante el Porfiriato, las celebraciones carnavalescas adquirieron una mayor presencia pública y se convirtieron en verdaderas fiestas populares, en las que participaron todos los sectores de la sociedad meridana. El martes 10 de febrero de 1891 se efectuó la primera “Batalla de Flores”. En este periodo, el recorrido de los desfiles se realizaba entre la calle de Porfirio Díaz (iniciando en el actual Parque de la Paz) hasta la Plaza de Velázquez, en el barrio de Santiago. CONTINUARÁ.