Los túneles de la Casa de los ladrillos
Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: Los túneles de la Casa de los ladrillos.
Un espacio subterráneo debajo de la “Casa de los ladrillos”, calle 63 por 62, en pleno centro de Mérida, Yucatán, fue descubierto al realizarse los trabajos de albañilería para adaptar el predio con fines comerciales.
De manera fortuita se perforó la bóveda que conforma el techo interior del túnel. Así lo escribieron Rafael Burgos Villanueva, Luis Millet Cámara, Sara Dzul Góngora y José Estrada Faisal, prestigiados arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. El espacio subterráneo hallado consiste en una galería de dos largos túneles con eje norte-sur, los cuales estaban sostenidos por pilastras apoyadas sobre la roca natural. Al mismo tiempo tenían comunicación con otros dos túneles de eje este-oeste y con una cámara orientada en esta misma dirección.
Al excavar en el interior del subterráneo se encontró que el sedimento acumulado a través de los años consistía en una gruesa capa de lodo. Este sedimento variaba desde 20 centímetros de grosor hasta 1.30 metros, en algunos sectores. Una vez retirada dicha capa se observó que parte del afloramiento rocoso fue utilizado y cortado para la construcción de los cimientos de las paredes que sostenían las bóvedas de los túneles. Todo el subterráneo fue construido con mampostería, tanto las paredes como los techos con bóvedas de cañón corrido.
El primer túnel mide casi 30 metros de largo por 1.60 de ancho, con una altura variable desde 1.20 metros hasta 3.20. En el suelo también había sedimento depositado en los últimos años dado a que esta construcción fue utilizada como depósito pluvial y de aguas negras. Además, en los inicios de la década de 1980 este sector de la casona funcionó como estacionamiento público.
El segundo túnel, paralelo al primero, presenta en general las mismas características arquitectónicas sobre el afloramiento de roca natural que es uniforme. Tiene casi 30 metros de largo y 2 de ancho. Su altura va de los 90 centímetros hasta 3 metros. Al sur, este segundo túnel comunica con el tercer túnel que conduce hacia el oriente, y mide 13.80 metros de largo por 2.30 de ancho; con una altura variable de 1.44 a 2.66 metros.
La exploración de este túnel condujo a una pequeña cámara, a la que se le designó con el número 1. Está situada al norte y tiene una orientación este–oeste, con dimensiones de 5.30 metros de largo por 1.92 de ancho con una altura promedio de 1.58 metros. El acceso a esta cámara es a través de dos arcos que tienen un pilar de mampostería en la parte media.
El cuarto túnel se ubica en la parte oriente segundo del túnel. Mide 12.65 metros de largo, en dirección de este a oeste, por 2 metros de ancho de norte a sur, con una altura variable de 1.60 metros 2.96 metros.
Publican libro sobre el hallazgo
La llamada Casa de los ladrillos o Casa Cárdenas se encontraron unos túneles que requirieron la intervención de los arqueólogos Rafael Burgos Villanueva, Luis Millet Cámara, Sara Dzul Góngora y José Estrada Faisal, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, mismos que publicaron un libro al respecto: La casa de los ladrillos.
Durante la investigación se detectó un pozo de forma cuadrada y 60 centímetros por lado y 8 metros de profundidad. Para la construcción del pozo fueron colocadas piedras labradas coloniales como parte del brocal. Es probable que este pozo colonial haya servido para el abastecimiento de agua destinado al consumo doméstico y para los animales de tiro como caballos, burros y otros.
Este subterráneo colonial fue adaptado como parte del sistema de drenaje, probablemente cuando en el traspatio se construyó un estacionamiento público a principios de la década de 1980, ya que se instalaron baños modernos y el desagüe cuyas aguas se vertían directamente al interior del subterráneo. Los baños funcionaron hasta finales de la década de 1990, cuando se clausuró el estacionamiento.
En ciertas partes del piso se recuperó material cerámico perteneciente al período colonial, mientras que en otras partes se recuperaron piezas de cerámica del siglo XIX y principios del XX. Con toda esta información obtenida se puede asegurar que este subterráneo se ubica solamente bajo el área que ocupa el traspatio del predio y no tiene comunicación con otras propiedades vecinas.
Los datos arqueológicos e históricos obtenidos permitieron a los autores afirmar que, hasta hoy día, no hay evidencias de un sistema de conductos subterráneos que comuniquen a ciertos edificios de Mérida. A pesar de que la información histórica es escasa y que una carta del Capitán General de Yucatán enviada al Virrey de España en 1690 mencionaba la existencia de subterráneos, en tal documento nunca se afirmó de la construcción de pasadizos comunicados entre sí.
Para comprender mejor la función de los subterráneos durante la época colonial y el siglo XIX, los autores plantean dos hipótesis. La primera enuncia que, en el siglo XVIII, estas estructuras del subsuelo tuvieron la función de instalaciones sanitarias con su correspondiente desagüe, así como pozos para basura y letrinas.
La segunda hipótesis, apoyada en la tradición oral de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, señala que estas construcciones subterráneas tuvieron usos tales como: refugio en caso de algún ataque, así como bodegas de víveres o aún como depósito de mercancías de contrabando.
La investigación arqueológica realizada en el subterráneo de La casa de los ladrillos es una de las primeras que se ocupa en el estudio formal de los subterráneos meridanos y que refuta la idea de la existencia de los túneles interconectados en Mérida.