Cuevas, sascaberas y sitios arqueológicos
Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: Cuevas, sascaberas y sitios arqueológicos.
Al estudiar los sitios arqueológicos y las cavidades subterráneas del área mesoamericana, y especialmente
en la región maya, se debe tomar en cuenta la hipótesis señalada por el destacado arqueólogo Juan Luis
Bonor Villarejo la cual afirma que hay una estrecha relación entre cavernas y edificios prehispánicos, en el sentido de que las estructuras fueron construidas sobre cuevas. Le llamó relación cueva-pirámide.
Si bien esta relación es un probable modelo a seguir en muchos sitios, se comprende que no siempre ha de suceder ya que a veces las condiciones geológicas no son adecuadas para que la situación se manifieste.
Sin embargo, hay suficientes ejemplos en donde si se prueba la hipótesis como en el caso de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán en donde se encontró un túnel de considerable longitud, exactamente bajo su base. Así mismo, en el osario de Chichén Itzá se halló una sascabera de acuerdo con los informes de las investigaciones arqueológicas. Hay muchos más casos.
El mismo autor señala que, ante los impedimentos naturales para tener una cueva bajo una estructura, los mayas construyeron cavidades subterráneas unidas a pirámides como sucede en Palenque con la tumba de Pakal o estructuras semi subterráneas como el Satunsat en el sitio Oxkintok, edificio construido sobre un hundimiento natural del terreno.
Si bien esta práctica de construir cavidades artificiales que representen a las cuevas reales conlleva un simbolismo de carácter funcional, hay una razón simple podría sustentar la relación cueva-pirámide con un sentido práctico que aportaría una evidente ventaja; esta sería la disponibilidad y el consiguiente aprovechamiento de los recursos naturales tales como los materiales para la construcción de esas mismas estructuras.
En su trabajo de tesis el arqueólogo Luis Santiago Pacheco menciona que, en diversos sitios arqueológicos de Yucatán, se han encontrado estas cavidades total o parcialmente artificiales de las cuales se obtenía material arcilla para artefactos de cerámica, de relleno, bloques de piedra y sascab.
Al respecto, cita la investigación efectuada por Terence L. Winemiller, quien afirma que las sascaberas en el área de Chichén Itzá que pudieron haber servido para proveer de materiales a este sitio arqueológico.
Santiago Pacheco dice que, normalmente, las dimensiones internas de las sascaberas no rebasan los 10 metros. Pero cuando exceden esta medida es común ver columnas talladas que sus usufructuarios dejaban con el propósito de sostener el peso del techo y evitar un posible derrumbe.
La extracción de los materiales produjo cavidades subterráneas de distintas formas y tamaños. Como un elemento constante, en las paredes del interior de las sascaberas se aprecian las huellas del trabajo humano, concluye Santiago Pacheco.
En las investigaciones realizadas por el Grupo Espeleológico Ajau hemos encontrado muchos tipos de sascaberas. En algunos casos, nos enteramos que hasta hace poco sirvieron para abastecer de materiales de construcción a las comunidades rurales de Yucatán.